MORALES      Notas biográficas-críticas  
   

1978-1979

Con el cambio de régimen se inicia un intento por articular las ideas y propuestas más sociales en el mundo de las artes plásticas. De esas discusiones  se va articulando un Estatuto del artista, una ley que iguala al sector con otros en lo que respecta a derechos sociales y laborales, como la seguridad social, seguro desempleo y pensiones de jubilación. De esta forma se inaugura a nivel estatal una muestra que organiza la recién formada, ASAP (Asociación Sindical de Artistas Plásticos): “Panorama 78”, donde al mismo tiempo que se da a conocer de forma muy participativa las diferentes tendencia plásticas en España, es un foro de reivindicaciones profesionales.

Junto a otros artistas, Pepe Morales organiza la ASAP de Córdoba.

Su estudio, situado en la sierra de Córdoba, se convertirá en lugar de encuentro, tertulia y debate con buena parte de los creadores cordobeses: Jacinto Lara, Rita Rutkowski, Juan Zafra, Francisco Aguilera Mate, María Teresa García López…

1980-1986

Desde finales de la década anterior se va apreciando un tenue cambio en su pintura que a principio de los años 80 se va configurando y consolidando.

Son años del “desencanto”, la movida, las drogas y del postmodernismo.

Sin que decaiga su espíritu crítico y su prevalencia figurativa,  el color deja el contraste expresivo y comienza a aclararse en tonalidades pasteles. Los temas ya no tienen ese trasfondo social y terruño y comienza a fraguarse un pintura de un carácter más “existencialista” y “psicologista” _“etapa metafísica”_ 

El cambio de paradigma cultural rechaza la política y se centra en el individuo en donde puede fraguarse la verdadera y única posible revolución. Quizás, por factores como el anterior, su pintura, sutilmente, como expresión de la nueva época, va cambiando y buscando nuevas formas de conectar con la sensibilidad de los nuevos receptores.

En 1982 expone  una muestra de esta nueva tendencia en Studio 52 (Córdoba). En el catálogo de presentación, como representativo de esta nueva etapa, escribe el psiquiatra Carlos Castilla del Pino:

“..el cuadro constituye el discurso del pintor...que tiene diversos niveles de contenido...Cuando Pepe Morales me invitó a ver sus últimos cuadros le pedí por favor que dejara de explicarme cada uno de los cuadros. Me negué asimismo  a leer cualquiera de esos textos banales que se denomina crítica. Pues en todo caso el discurso plástico lo pone él, pero lo que me niego es a renunciar, a mi vez, al discurso que me venga en gana y la interpretación que juzgue conveniente...El cuadro tiene su vida autónoma, y como poema, le pertenece a todo aquel que quiera darle un sentido, cualquiera que sea que el autor le confiera…

 

 

 

 

Lo que para mi dice la temática plástica de Pepe Morales es, ante todo, el nivel de realidad en que parece estar situado cuando pinta. Nada tiene que ver con la realidad empírica, sino con esa otra área de la realidad que es el mundo onírico, un mundo que exige, de inmediato, una lectura simbólica...Es la soledad el rasgo característico de ese  mundo. Una soledad de la que los propios protoseres representados parece no estar advertidos… Pero, además se trata de protosujetos, en los que la animalidad parece emerger y superponerse a lo que de humanidad poseen: los seres representados parecen haber perdido –si es que lo tuvieron alguna vez– el rasgo de personas para regresar a un estatuto intermedio entre el hombre y el mono o entre el hombre y el cerdo…”

En 1980 obtiene el primer permio en el Certamen Nacional de Pintura organizado por la Caja de Ahorros de Córdoba.

En 1981 expone en la galería Jabalcuz de Jaén. En la misma figuran dos polípticos sobre el tema de la represión y el poder que son las únicas que se conservan en ese formato.

En el mismo año, la ASAP de Córdoba presenta su primera exposición al aire libre en los jardines de la Victoria, bajo lemas como “El arte es para el pueblo”.

Obtiene la primera mención de honor en el IV Certamen Nacional de Pintura Ciudad de Lucena por “Desesperación– Sueño IX”.

En mayo de 1983, expone en el castillo de Bil-Bil de Benalmádena una exposición retrospectiva que reúne obras del periodo 1960-1983.

En 1984 participa en la I Bienal de Arte de Lucena y obtiene el primer premio de Lucena con la obra “Ricos en el váter-Sueño XVI”.

Durante unos meses trabaja con los alfareros de Puente del Arzobispo y Granada. Los objetos tradicionales -platos, jarras…- se convierten en el soporte donde sitúa a los personajes que pueblan sus telas. Expone las obras en las galería de Jabalcuz de Jaén y Studio 52 de Córdoba.

En 1986, la Diputación de Córdoba le concede una beca para estudiar el muralismo mexicano. Viaja a México, con su actual compañera, Berta Gómez Montero (que conoce en 1982), y a su regreso, abandona Córdoba y se instala en Marbella (Málaga).

1987-1992

Su hija Raquel fallece en Córdoba el 20 de julio de 1987.

Desde finales de los años 70, como comentábamos, Morales inicia una nueva búsqueda que tras tentativas diversas parece encontrar a finales de la década de los 80 un lenguaje caracterizado por una síntesis compleja y depurada de épocas anteriores que se traduce en un mundo fragmentado y desdoblado, y la utilización de telas, de diferentes texturas y densidad –muchas veces plegadas-  que apenas insinúan lo representado.

 

 

 

Existe un conjunto de obras del año 1988 que son paradigmática de ese cambio descrito: “302”, “315”, “ La caída”.

El poeta Vicente Núñez se expresa ante la pintura de Morales en la presentación a una exposición de 1990 en la Galería Manuela Vilches: “...Extendida y expuesta, como desde una quirofanía sin destino, la obra última de Pepe Morales se repliega sobre sí misma, absorta en sus datos textiles. ¿Qué intimidad aún no muestra poseen estos trapos tenaces?...¿Cuál es el arañazo de esos grumos y de esos burletes que se encorsetan sobre una carne de tejido, como maniquíes atrapados por pigmentos?...”

A principios de los años 90 inicia una serie de cuadros, dentro de esta nueva búsqueda, en la que predomina el aniconismo, como si fueran trozos de una arqueología tanto de naturaleza orgánica como técnica. Son cuadros en donde el material utilizado (arena, cuero, papel maché, telas, cartón, inscripciones…) no son sólo elementos de composición sino restos, vestigios de un mundo ya sin humanos. Nos remitimos a la seria de obras que van desde el 328 al 355 y la 358, 365, 366, o 371.

Como comenta el crítico de arte, Ángel Luis Pérez Villén en 1991: “...El colorido es capaz de recuperar aquellas manchas, casi monocromáticas, de las pinturas negras iniciales y hacerlas coincidir con las cualidades, transparencias y veladuras de este periodo. Pero el proceso no termina aquí, pues el enmascaramiento formal se completa en su totalidad meced a las telas plegadas, con lo que el soporte figurativo pierde peso hasta desaparecer y dejar paso a una abstracción, que se nutre de la sintaxis constructiva de la obra de finales de los 50, en chapa oxidada.”

En el año 1991 la Casa de la Cultura del Ayuntamiento de Palma del Rio le rinde un homenaje a su trayectoria. En ese mismo años expone en el Centro Cultural de Cajasur.

 

1993-1999

Expone a principio de los años 90 en Málaga, Nerja, Madrid, Cancún (México)...

En el año 1997 se embarga en la escultórica por primera vez. Se trata de pieza realizadas en madera, cobre, hierro batido, muchas de ellas de carácter lúdico en la que debe intervenir el espectador.  Expone en primavera de 1998 dichas piezas en el Colegio de Arquitectos de Córdoba. 

En una reseña en el Cuadernos del Sur (Diario Córdoba), Antonio Luis Pérez Villén anota: “...en todas las obras expuestas es posible respirar la atmósfera surreal que ha impregnado buena parte de su pintura, incluso en piezas...condescendientes con la referencia realista, hallamos claves...que evocan esa otra realidad suspendida por los hilos de lo onírico. Es tan extenso el caudal de registros de su obra, que en ella se pueden hallar desde aquél afán constructivo y matérico de sus pinturas con chapas metálicas, la figuración dramática del teatro de la vida, el absurdo bellísimo además de perturbador y desinhibido de las formas a las que se le supone

 

 

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